• Abstracto Año 1960

    Acrílico sobre tela
    55×35 cm

Bio

Nace en  Israel en 1918 y vivió, estudió y creó en el Uruguay desde 1930. En este país se hizo ciudadano legal y se integró con entusiasmo a diversos grupos artisticos.

Pavlotzky estudió con Guillermo Laborde y José Cúneo y luego se vinculó en la década del 50 con el grupo de geométricos del que fueran precursores José Pedro Costigliolo y María Freire. El también se encontró entre los concretistas de primera hora. Más adelante fue fundador del «Grupo 8», otro punto de referencia para las vanguardias vernáculas. Desde la década del 50 y hasta fines de los 70 se encontró entre los artistas experimentales del Uruguay.

Desde 1942 participó en Salones Nacionales y luego desde 1943 en Salones Municipales. En 1942 obtuvo el Premio a artistas extranjeros en el Salón Nacional de Bellas Artes. Recibió numerosos premios en las décadas del 40, 50 y 60 en los Salones Municipales y las obras galardonadas hoy integran el acervo del Museo Blanes. En 1959 se le otorgó el Primer Premio del Salón Nacional y ese año también fue distinguido en la muestra internacional de arte de Punta del Este. Sus éxitos continuaron y en 1960 recibió el Primer Premio en el Certamen «Warthein» en Buenos Aires. En 1969 se hizo acreedor al Primer Premio del Concurso FUNSA.

Representó al Uruguay en diversas muestras extranjeras. Cabe recordar que en 1958 fue invitado a exponer en la Bienal de San Pablo integrando el envío uruguayo y en 1962. Tambien en el año  1962 fue seleccionado para representar al Uruguay en la Primera Bienal de Córdoba.

Pavlotzky expuso en forma individual desde 1959 en Montevideo, Buenos Aires, Jerusalén, Beer Sheva y Tel Aviv. En su calidad de miembro fundador del «Grupo 8», expuso en forma colectiva en el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires, en la Universidad de Chile y en Praga y participó en diversas muestras de arte abstracto en el Uruguay, Israel, Brasil, Estados Unidos, Polonia, Suecia y Venezuela. Sus obras integran colecciones del Museo Blanes, Museo de Arte Modernos de Buenos Aires, Museo de Arte Moderno de Rio de Janeiro, Universidad de Dallas, Pinacoteca Municipal de Porto Alegre y varias colecciones privadas.

Su obra más destacada la produjo en los años cincuenta, sesenta y setenta, luego de abandonar la primera figuración y antes de entregarse, en los años ochenta y noventa, a su última etapa de paisajes urbanos. Conviene recordarlo por esa etapa de numerosos aciertos.

Pavlotzky hizo, luego de su faz geométrica, incursiones en el informalismo. Sobre ese período sostiene García Esteban: «Las manchas vaporosas, dinámicas y de elegante cromatismo, algo fáciles, con las que se inicia en la corriente, admiten luego una cierta regularidad y se encorpan por la calidad de la materia empleada. Saca partido de los ejemplos mejores del arte otro, pero no abandona la ilusión espacial. La estructura organizada subyace en la dispersión de las zonas de color y éstas tienen, efectivamente, real adhesión al rectángulo.»

Llamó la atención desde el principio la fineza de color y el despliegue de técnica depurada y gran oficio de sus serigrafías. Sus adeptos de los años sesenta recuerdan la sutileza y delicadez de esas obras.

Una de sus series más estimables es la de collages de gran formato realizada en la década del 70. Se trata de obras de paleta muy controlada en las que tiene una presencia fundamental la chatarra. Dramáticas, severas y alineadas en un estilo vinculado al arte matérico, representan bien toda una corriente del arte uruguayo de entonces afiliada a las propuestas de Burri y Tápies.

Otra serie a tener en cuenta es la de grabados realizados luego de su estada en Nueva York en el Instituto Pratt y luego de su tránsito por el taller de Liliana Porter y Luis Camnitzer. Para entonces Pavlotzky ya había probado con creces su destacado oficio como serígrafo. Sobresalió en el Uruguay en esa disciplina que enriqueció luego con otras experiencias en grabado aprendidas en el medio neoyorquino. Aunando elementos abstractos y algunos detalles figurativos muy sutiles, Pavlotzky logró a partir de esa conjunción de técnicas de grabación, imágenes acertadas y esos grabados se encuentran entre lo mejor de su producción.

Desafortunadamente mucha gente que no frecuentaba exposiciones en los años cincuenta, sesenta y setenta desconoce la importancia de esos períodos de Pavlotzky y tiene en mente sólo la última etapa que es muy divulgada hoy en día. La obra de Pavlotzky que merece ser recordada, es la del artista que estuvo durante décadas en el terreno experimental, la del creador que se explayó en esas series de collages, pinturas y grabados. También cabe recordar su aporte a la serigrafía, no sólo en su propio terreno expresivo sino como técnico consumado que llevó a la plancha con gran refinamiento, muchas imágenes de sus colegas hoy apreciadas en galerías, museos y edificios.

Alicia Haber

Extraído del MUVA-Museo Virtual de Artes – Diario El Pais.